Siempre que el aire huele a tormenta venidera me preparo para mojarme con fuerza, con rabia. Aliso mi jersey para que quede bien puesto, me peino las greñas de la frente y abro mis brazos al cielo para que descargue, para que descargue ya... ya.

Siempre que vivo dentro de la tormenta, me contenta ser  como una esponja  cuando no puede absorver más agua y se desborda. Ya todo cae hacia afuera. Que la tormenta me llene y así poder gritar con todas mis fuerzas, para echar todo lo que sobra.

Siempre que escampa y tengo los pies encharcados, espero una señal que me diga algo, que me diga por qué tanta agua, que me pida disculpas por jarrear, que me tire un beso desde el cielo en forma de rayo de sol para compensar el hecho de que estoy empapada.

Aún con todo eso, me encanta el otoño.
Atte.