Hoy, Domingo de Ramos. Cualquier semana es buena para hacerla santa,
cualquiera es digna de celebraciones. Si mi corazón puede opinar sobre
estos temas diré que yo no celebro nada, para mi la Semana Santa es tan
sólo un recuerdo de que en este mundo hasta la Fe debe morir para
volver a empezar.
De acuerdo con esa fe cristiana vivo estos días
hacia adentro; vivo, veo y callo porque tan sólo desde el silencio,
desde uno mismo se puede llegar a entender el por qué de esta "fiesta".
Una "fiesta" que nada tiene que ver con el alarde de grandeza, nada
tiene que ver con los grandes edificios que sustentan la fe de algunos,
nada tiene que ver con las palabras morales que se sueltan, nada tiene
que ver con si opino distinto de la Iglesia; al fin y al cabo las
manifestaciones que hacemos de Dios son nuestras, las expresiones e
interpretaciones que hacemos de Jesús son tan humanas como el sentir, y
tan humanas son que pueden ser errores.
Si algo hace Santo a estos días es el estar por encima de esos errores.
Da igual que nos matemos, que nos odiemos, que nos juzguemos. Da igual
que hagamos o dejemos de hacer,... de nada nos sirve, jamás llegaremos
a comprender.
Pero si una persona en el mundo consigue ver algo bueno, un rayo de
consuelo, una luz a la que aferrarse en su vida, un motivo para pensar
que podemos y debemos tener esperanza,... entonces tendré motivos para
celebrar.
No soy dicha en estos temas, ni quiero. Como con cualquiera fábula, lo mejor es la moraleja.
Atte.



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