Cuento una historia que es totalmente cierta, tan cierta como que la cuento yo que la he vivido en primera persona. Y nada, absolutamente nada de lo que voy a exponer aquí es exagerado, o fruto de una desvariación bohemia propia de una escritora.
Hay personas que se empeñan en decirme que no, pero nada en esta vida es por casualidad. Por la razón que sea me fijo demasiado en los detalles, y los recuerdo con tanta fuerza a lo largo de mi vida, que tengo un rosario de sentimientos rezado por toda esta maldita y querida ciudad de Madrid. Hace "poco" (como 2 semanas) contaba a mis amigos un relato que tuvo lugar en el metro:
Cuento que siempre que voy en el metro, o casi siempre, tengo puestos los cascos con música que me recargue las pilas de camino al trabajo. Para no mentir diré que esa mañana llevaba a Coldplay gritándome su "Viva la vida" al oido, para ser más exacta, en modo "Repeat". Debido al alto volumen de mi música, me sorprendió escuchar suspiros que venían de la vida, del cansado vagón de metro... o mejor dicho, de uno de sus ocupantes: la chica que estaba sentada justo a mi lado.
Me quité los cascos sin dudarlo y le presté atención durante 4 segundos, los suficientes para darme cuenta de que la chica estaba llorando, escondiendo su cabeza entre los brazos. Todo intento de ocultar su tristeza fue inútil porque el llanto, cuando es de verdad, no se puede controlar (creo que todo aquel que lea esto puede hacerse una idea). No fue un acto reflejo, no fue tampoco una señal de bondad absoluta, no fue arranque de solidaridad, ni tampoco fue algo que debiera hacer... simplemente me acerqué a ella y le pregunté "¿necesitas algo?" Como un resorte sacó su cabeza de entre sus manos y me miró, creo que bastante sorprendida y avergonzada, agachó su cabeza hacia mi hombro y siguió llorando pero negó toda opción de encontrarse mal, y negó toda posibilidad de necesitar ayuda... es lo normal. Seguimos el camino en el metro y ambas seguíamos el mismo recorrido; yo, secretamente, me mantenía a su lado por si cambiaban sus opciones o sus posibilidades...
Cuando dejó de llorar sacó un paquete de tabaco y sacó dos cigarillos, la voz del metro anunciaba la siguiente parada. Ella se levantó, se colocó el abrigo y antes de que el tren llegara a la estación se dirigió a mí y me dio uno de los dos cigarrillos... "Gracias. Toma, es lo único que llevo". Le di las gracias yo también y le dije que esperaba que el día fuera genial, no sé por qué no le dije que no fumaba...
Y ahí se quedó la cosa. Avatares de la vida, esta semana he ido bastante decaída al trabajo, sin escuchar ni una sola nota musical en mi iPod, incluso a ratos llorando... El martes, en el metro, escondía mi cabeza por el cuello de mi abrigo, cerrando los ojos para no mirar a nadie... pero alguien me cogió del brazo y me preguntó "¿estás bien hoy tú?".... lo curiosa que puede llegar a ser la vida... la misma chica, la misma situación pero al contrario... esta vez era yo la que lloraba. He de reconocer que al principio no me di cuenta de quién era, me resultaba familiar su rostro pero no lo ubicaba...en seguida la reconocí (ya dije que me fijo bastante en los detalles y que los recuerdo todos con demasiada fuerza). No hablamos mucho, ella se tenía que bajar de nuevo del metro, nos reimos...ella más que yo... de las casualidades y nos despedimos deseándonos un buen día.
Tampoco el martes le dije que no fumaba...ni que aún conservo su cigarro.
Quizá hoy lo fume...
Atte.