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La Coctelera

15, mar

Lo que queda

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Si algo sé de toda esta vida perra que me mata, es que por instantes me hace sentir interminable... segundos que suceden a otros segundos anteriores, formando una cadena infinita que aunque gire sin parar no se mueve en el tiempo, permenece, quieta, constante, en tensión y en revolución.

Sentir que la vida paró y se tomó un vaso de agua conmigo es de los mejores recuerdos que tengo en los últimos años, sé bien que no sé agradecerlo, que mi cabeza no puede asimilar que esa cadena inmóvil debe seguir su rumbo incansable hacia la muerte... que es a donde nos llevan todas las cosas, todos los movimientos, un poco más cerca de ella.

Y por otro lado sé que me esperan grandes sentimientos, mejores, más eternos, más para mí y menos para mi espejo, llegará el tiempo de darle la vuelta al colchón para airearlo y entonces la renovación se comerá todo el polvo que dejamos acumulado. O que dejé acumulado. O simplemente que se acumuló... sin remedio.

Bombéalo!

Atte.

11, mar

Eterna

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Y no, no era normal como tampoco lo es ahora.

Formamos un puzzle totalmente lleno de huecos y cuando queremos encajar las piezas perdemos otras, y al encontrarlas alguien quitó las que estaban puestas. Y nos aventuramos cada madrugada en líos dialécticos, y nos olvidamos de cerrar los ojos y respirar.

Y no, no era normal como tampoco lo es ahora.

No me queda más remedio que darme la razón, esa que he estado esquivando mucho tiempo y que desterré por miedo a tu bondad. Al menos ya sé que mi realidad y la del mundo coincidieron en espacio y tiempo, es todo un alivio aunque ya no quede más humo.

Y no, no era normal como tampoco lo es ahora.

¿ahora? ya me da igual si es subir o si es bajar, izquierda o derecha, verdad o mentira,... sólo tengo lo que quiero dejarme grabado al corazón. Y tu respuesta es como la arena del reloj, eterna... pero siempre la misma.

Y no...

Atte.

8, mar

Lo que cuento

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Ayer se quedó dormida durante una buen rato... al cerrar los ojos vio pasear por Chueca a sus dos amigas de siempre, iba con ellas y se reía, juró guardar ese recuerdo para toda la vida y por esa razón me contó todo lo que escribo yo en estos momentos.

Al bajar por la calle sentí frío, serán los momentos pasados o que el tiempo refresca más de lo debido por las cosas que nunca hicimos; conversamos las tres y creí que nada había cambiado, olvidé, sonreí, pasé vergüenza, me confesé, bebí, y de camino, en el taxi, me quedé en callada (como tantas veces) creyendo que el sueño se acababa. Entonces volvió del silencio aquello por lo que colgué ternura y miedos, supe que 26 miradas sólo habían sido las primeras y que más me valía conservarlas. Y desde ahí todo fueron personas que pasaron en forma de palabras bonitas. Soñé abrazos que algún julio me dieron, sin ellos hoy no sería lo que soy... no arriesgaría lo que buenamente puedo, soñé que conocía gente nueva y que ésta podía arrastrar felicidad tanto como cualquier otra, soñé que sonaban las notas del bajista Jaco en forma de felicitación y que ellas recibirían mis primeras sonrisas, soñé que estaba sola pero comenzaba a llegar tanta gente que tuve que abrir los brazos (que son pequeños) todavía más, soñé que bailaba canciones imposibles, que pedía deseos que quizá no vayan a cumplirse nunca... pero qué bonito tenerlos, soñé que estábamos todos y que "no falta casi nadie",... y al final de todo, volví a soñar que escuchaba a la alegría.

Todo eso me dijo, cualquier parecido con la que escribe es pura coincidencia; por todos es sabido que soy insensible a este tipo de cosas, que yo no quiero 14 de febrero, ni cumpleaños feliz, y por eso sería incapaz de escribir una sola línea agradeciendoos todo lo que sois para mi. Esas cosas no son para mí.

Atte.

6, mar

Lo mejor

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Las personas nacemos con un don, una marca especial metida dentro de nuestro corazón. Quien descubre el suyo propio puede usarlo, ignorarlo o incluso hacer daño con él, pero lo que nunca se puede hacer es borrarlo.Y el mío viene envuelto en papel de regalo que lleva muchos nombres, y vivo para entregarlos a todos ellos.

La cuestión es que, llámalo como quieras, pero prefiero mil veces joderme yo a verte perdido y sin ese ánimo que siempre te ha acompañado. Si me tengo que joder por dentro lo haré, pero no estoy dispuesta a dejarte pasar con la cabeza baja, no si yo puedo hacer algo en tus días, en tus momentos, en tus segundos o en tus sueños. Ya da igual lo que puedas contarme o decirme, si te digo la verdad... aunque te dé la impresión de ser débil, soy una mujer fuerte y puedo soportar golpes de todo tipo... sólo con ganas se puede llegar a cualquier parte.

Yo hay cosas que no puedo soportar en la vida, y una de ellas es hacer cosas que no quiero. Como aquella canción que decía "no me haces falta, vivir sin ti, puedo.... lo malo es que no quiero". Por eso vuelvo, por eso cada día quiero sonrisas nuevas, alegrías nuevas y canciones nuevas que me hagan recordar y recordarte. Ya es hora de que aprenda que mis actos no tienen nada que ver con los actos de los demás, y que si los entienden o no me da igual. Yo soy así, es lo que hay, lo que siempre hubo y lo que por muchos años habrá (Jobs mediante).

Maldito el día en que pensé que tenía límites, que tus actos eran los finales de los míos, que tus costumbres eran muros para mis intenciones y que tus manos eran el lastre de mis ojos. Maldito.

Atte.

5, mar

Aprender a fumar

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Cuento una historia que es totalmente cierta, tan cierta como que la cuento yo que la he vivido en primera persona. Y nada, absolutamente nada de lo que voy a exponer aquí es exagerado, o fruto de una desvariación bohemia propia de una escritora.

Hay personas que se empeñan en decirme que no, pero nada en esta vida es por casualidad. Por la razón que sea me fijo demasiado en los detalles, y los recuerdo con tanta fuerza a lo largo de mi vida, que tengo un rosario de sentimientos rezado por toda esta maldita y querida ciudad de Madrid. Hace "poco" (como 2 semanas) contaba a mis amigos un relato que tuvo lugar en el metro:

Cuento que siempre que voy en el metro, o casi siempre, tengo puestos los cascos con música que me recargue las pilas de camino al trabajo. Para no mentir diré que esa mañana llevaba a Coldplay gritándome su "Viva la vida" al oido, para ser más exacta, en modo "Repeat". Debido al alto volumen de mi música, me sorprendió escuchar suspiros que venían de la vida, del cansado vagón de metro... o mejor dicho, de uno de sus ocupantes: la chica que estaba sentada justo a mi lado.

Me quité los cascos sin dudarlo y le presté atención durante 4 segundos, los suficientes para darme cuenta de que la chica estaba llorando, escondiendo su cabeza entre los brazos. Todo intento de ocultar su tristeza fue inútil porque el llanto, cuando es de verdad, no se puede controlar (creo que todo aquel que lea esto puede hacerse una idea). No fue un acto reflejo, no fue tampoco una señal de bondad absoluta, no fue arranque de solidaridad, ni tampoco fue algo que debiera hacer... simplemente me acerqué a ella y le pregunté "¿necesitas algo?" Como un resorte sacó su cabeza de entre sus manos y me miró, creo que bastante sorprendida y avergonzada, agachó su cabeza hacia mi hombro y siguió llorando pero negó toda opción de encontrarse mal, y negó toda posibilidad de necesitar ayuda... es lo normal. Seguimos el camino en el metro y ambas seguíamos el mismo recorrido; yo, secretamente, me mantenía a su lado por si cambiaban sus opciones o sus posibilidades...

Cuando dejó de llorar sacó un paquete de tabaco y sacó dos cigarillos, la voz del metro anunciaba la siguiente parada. Ella se levantó, se colocó el abrigo y antes de que el tren llegara a la estación se dirigió a mí y me dio uno de los dos cigarrillos... "Gracias. Toma, es lo único que llevo". Le di las gracias yo también y le dije que esperaba que el día fuera genial, no sé por qué no le dije que no fumaba...

Y ahí se quedó la cosa. Avatares de la vida, esta semana he ido bastante decaída al trabajo, sin escuchar ni una sola nota musical en mi iPod, incluso a ratos llorando... El martes, en el metro, escondía mi cabeza por el cuello de mi abrigo, cerrando los ojos para no mirar a nadie... pero alguien me cogió del brazo y me preguntó "¿estás bien hoy tú?".... lo curiosa que puede llegar a ser la vida... la misma chica, la misma situación pero al contrario... esta vez era yo la que lloraba. He de reconocer que al principio no me di cuenta de quién era, me resultaba familiar su rostro pero no lo ubicaba...en seguida la reconocí (ya dije que me fijo bastante en los detalles y que los recuerdo todos con demasiada fuerza). No hablamos mucho, ella se tenía que bajar de nuevo del metro, nos reimos...ella más que yo... de las casualidades y nos despedimos deseándonos un buen día.

Tampoco el martes le dije que no fumaba...ni que aún conservo su cigarro.

Quizá hoy lo fume...

Atte.

20, feb

Dar la palabra

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Hoy tengo mi propio salvoconducto, mi propia respiración se ha unido al compás del latido de mi corazón. Ahora van al unísono y puedo vivir de manera que todo el mundo concibe como "normal"... sé que tampoco durará mucho tiempo por culpa de la química, de la vida y de mí misma, pero al menos, el efecto relajante que queda me permite dormir esta noche, darme un aprobado raspadito y a ti un "No Presentado".

Mi alegría va a seguir aquí y mis ganas van a seguir aquí, por más que me digas que te fuiste, que te perdiste... y ya sabe que "de perdido al río". Mis cosas siguen ordenadas en la cabeza de tal forma que componen un puzzle perfecto en el que cada pieza juega un papel concreto y es necesaria. Las coloqué de manera cuidada y sabiendo BIEN lo que hacía y por qué lo hacía. Puedo responder por cada una de mis piezas, puedo llegar hasta el final intacta tan sólo con mis ganas,... mi palabra sigue vigente, aunque caduque la tuya.

Atte.

19, feb

20 mg.

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Día de hoy: químico.

Precisamente hoy, me voy a contar lo que ya sé desde hace años. Mi vida se mantiene mediante química. Química contra el dolor y sus consecuencias... y que mi vida gira en torno a esos momento lo sé desde hace mucho tiempo, años. El problema es cuando has de explicárselo a más gente, cuando tienes que advertirle de que pasear contigo en un momento determinado puede resulta arriesgado (y no exagero nada.... ya van muchas unidades del SUMMA conocidas), cuando tienes que decir que no te puedes quedar en casa de una amiga porque no quieres "molestar" (y tampoco exagero),.... tantas cosas que al principio ni imaginé.

Y en ese punto entra la química (esa misma que tenemos tú y yo)... que para solucionar el problema me salen otros en forma de "reacciones adversas". Y esas reacciones adversas jamás me dieron tanta rabia contenida. Nunca quise que esas reacciones cortaran mi vida, o la condicionaran...es más, apenas sabe nadie todo lo que ocurre. Pero a veces no queda más remedio que decir la verdad........ aunque sólo sea para que a una no la tomen por mala persona.

Atte.

18, feb

Soportes

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Hoy de nuevo me ronda esa sensación fastidiosa. Me temo que si me acepto como soy tengo que pensar que puedo soportarlo todo, puedo comprender cualquier comportamiento ajeno, además soy mujer que entiende las pocas palabras así que tampoco han de darme muchas explicaciones. Puedo entender que me hagan daño, porque es el riesgo de vivir, de sentir algo por dentro y jugártela. Sin duda puedo entender el silencio como respuesta, y a las pruebas vitales me remito, soporto los golpes como si fuera una muñeca de trapo sin forma, e incluso cuando me mienten sé ponerme en el lugar del otro e intentar comprenderle, no preguntarle más de la cuenta (para que no tenga que volver a mentir).... pero hay una cosa dentro de mi que no soporto, y es algo contra lo que lucho cada día y que por ello lo paso bastante mal: que se rían de mí.

Cualquier atisbo en mi día a día que huela a "ojo, se burlan de tí" me pone en tensión, susceptible y ¿por qué no decirlo? bastante desconfiada.

Teniendo en mi Haber unas cuantas de ese tipo, lo único que espero es que por favor esta vez sea distinto. Lo creo así, sino estaría perdida pero a veces confieso que me asaltan las dudas. Veremos cómo acaba el día, aunque ya adelanto que seguro será mirando a la Luna.

Atte.